
Hay un dicho típico de Navidad en Cataluña que reza "per Nadal cada ovella al seu corral" o sea que en Navidad cada ovejilla con su pandilla. Como alternativa transgresora hemos reunido en mi casa un pequeño rebaño de ovejitas descarriadas y en vez de hacer los típicos canelones de las sobras de la comida de Navidad, nos hemos ido a Japón... gastronómicamente hablando.
De la mano de Iolanda, (más bien de la chuleta que llevaba a boli en la mano) hemos hecho makisushi y salmón con salsa yakitori, de postres trufas de sake (gentileza de la pastelería Ochiai).
Yo para variar he aprovechado para hacer una sesión fotográfica sobre el noble arte de hacer makisushi "en familia".
